
"Es la cifra más baja de irregulares en mucho tiempo pero, curiosamente, se habla ahora más que nunca", ha expuesto secretari d’Immigració de la Generalitat, Oriol Amorós. Para emerger a la legalidad, los extranjeros deben demostrar tres años de empadronamiento y exhibir un contrato de trabajo, que les permita conseguir un documento de arraigo social y, finalmente, conseguir el NIE.
La nacionalidad se obtiene luego, a los 10 años (dos para Estados de las antiguas colonias españolas). El Govern apuesta por un periodo no superior a los cinco años. La integración se demuestra con datos sobre inmigrantes: 20.000 afiliados a sindicatos, 2.000 delegados sindicales, 10.000 parejas lingüísticas o experiencias enriquecedoras en AMPAS, colles castelleres o familias acogedoras.
La cifra de sin papeles seguirá bajando. La Subdelegación del Gobierno en Barcelona ha constatado la caída en picado de las entradas, ya sea con contrato de trabajo o por reagrupamiento familiar. Reconocer a esta población en el padrón permite "saber qué realidad tenemos: edad, sexo, país de procedencia. En Londres dicen que tienen 400.000 personas de las que no saben nada", apuntó Amorós.
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